El Mundial de Italia ´90 es uno de los recuerdos más gratos del fútbol. En mi caso era muy chico y es, además, el primer recuerdo mundialista que tengo. Eso de juntarse a ver los partidos, sufrir todo, más las tandas de penales. Una marca que, desde la infancia, plasmaría lo que es (y fue) para todos la experiencia de ver a la Selección Argentina: el sufrimiento, los héroes, algunos milagros, varias frustraciones.
Un ciclo que, cada cuatro años, vuelve a empezar. Una psicosis que, lleguemos como lleguemos a la cita mundialista, se reactiva y a los tres días estamos todos como imbéciles esperando el milagro: ¿cuántos (otros) países del mundo pensarán ante cada Mundial que pueden ser realmente campeones? Creo que, sinceramente, muy pocos. Es imposible averiguarlo, por otra parte, y sería una muy compleja investigación para obtener la respuesta a una pregunta que bien puede ser retórica.
Italia ´90, una canción, las sedes, el álbum de figuritas, la mascota, el equipo de Bilardo: la particularidad de llegar Campeones del Mundo a un nuevo Mundial. Y algo que parecía (y aún hoy nos parece, aunque otros equipos lo logran con frecuencia) totalmente insólito: repetir una final. Pero antes, el partido que quiero traer, recuperar, revisar, repasar, en estas líneas: la semifinal contra Italia, en Nápoles. El campeón del mundo vigente contra el local: Argentina e Italia, en la casa del máximo ídolo que vimos napolitanos y argentinos.
No puede tener más condimentos este partido: no me propongo repasarlos todos, realmente puede ser una tarea interminable. Solamente recuperar algunos, indagar en otros quizás no tan recordados, y ver qué nos queda de esa noche increíble en la que delante de todos los italianos pero sobre todo de los que amaban a Diego, los dejamos afuera de su Mundial.
➞ El temido "Totò" Schillaci era el hombre a neutralizar, el goleador temible: a los 17 minutos ya había puesto el 1-0. Sería goleador del Mundial con otro gol ante Inglaterra (en el partido por el tercer puesto ganado por los italianos): hizo 6 en 7 partidos. Pero Schillaci no era titular en su selección e incluso fue convocado por primera vez por Azeglio Vicini, el DT tano, para un amistoso recién en marzo del ´90. Con poco bastó para que "Totò" juegue el Mundial. Arrancó desde el banco (los titulares eran Vialli y Carnevale) y en el primer partido ante Austria, en un 0-0 que parecía clavado, ingresó a los 75 y a los tres minutos ya había metido su primer gol. Solamente no convirtió en el segundo partido ante Estados Unidos (1-0 otra vez, gol de Giuseppe Giannini), aunque jugó casi todo el segundo tiempo. Carnevale, desde ese partido, perdió la titularidad que fue para "Totò": a partir de allí hizo un gol por partido ante Checoslovaquia, Uruguay, Irlanda, Argentina e Inglaterra. En total, en su carrera, Schillaci convertiría 7 goles en la Selección de Italia: 6 fueron en ese Mundial. Fue botín de oro y elegido mejor jugador de la copa, que puede sonar como un consuelo para los locales (prática siempre repetida por FIFA) aunque no dejó muchas dudas en un Italia ´90 bastante flojo en figuras. Volviendo a la noche contra Argentina: Schillaci nos tenía que hacer el gol y lo hizo. Un rebote, definió con la tibia (él mismo lo reconoce en este video) y a cobrar. Bien de goleador. Además: sus 6 goles mundialistas están en este otro video: dos de cabeza (y medía 1,73 m), un bombazo de zurda desde afuera (potencia pura, con su pierna no hábil), uno de penal, y dos de rebote, siempre estando en el lugar indicado para el gol.
➞ El invicto de Zenga: con el partido 0-1 aparecía en el horizonte otra marca propia de Italia ´90. Walter Zenga, el arquero italiano, tenía hasta ese momento la valla invicta. Los triunfos del local ante sus rivales habían sido todos por 1-0 (Austria, Estados Unidos, Irlanda) o por 2-0 (Checoslovaquia, Uruguay). Zenga llegó hasta el minuto 67 de la semi con Argentina, sumando 517 minutos sin goles (récord aún en mundiales). Contra Inglaterra, en el partido por el tercer puesto, le volverían a marcar pero el gol importante, el clave, fue peinado por Claudio Paul para el 1-1.
➞ Previendo lo que pasaría en la final con Alemania, un arbitraje escandaloso del francés Michel Vautrot: en ese momento uno de los mejores del mundo, premiado como tal en los años 1988 y 1989, Vautrot fue juez en dos partidos de Argentina en el mundial italiano: la muy dura derrota del debut con Camerún (0-1 y a Bilardo lo querían colgar en la pirámide de Mayo), plagada de juego brusco y con escasa amonestación; y la semifinal con Italia en la que, entre otros asuntos, el primer tiempo del alargue duró 23 minutos ("un año" según el Doctor Bilardo). Vautrot declaró después que había durado tanto porque "olvidó mirar el reloj". El mexicano Codesal fue puteado por décadas, por el penal en la final, pero la labor del francés fue quizás más tendenciosa.
➞ La roja a Giusti y la amarilla a Cani: las tarjetas son más recordadas, son la materialización de ese arbitraje en contra. Caniggia no jugaría la final, mermando casi totalmente el ataque (ya vimos lo que fue el partido decisivo: uno de los más cerrados de los últimos 40 años de finales). El Gringo Giusti tampoco, y el rompecabezas de Bilardo, ese equipo armado sobre la marcha y contra-todo-contratiempo, llegaba a la final dejando realmente todo en el camino.
➞ Goyco también atajó un pelotón en el alargue: además de su actuación en los penales, que en esta noche napolitana tocaría techo (y cómo), El Goyco sacó durante la Copa algunos goles casi hechos. Del partido contra Brasil quedan las salvadas más recordadas (o el tarro que tuvo el nacido en Lima, porque no todas fueron salvadas propias: sólo nos salvamos 5 o 6 veces) pero la gran atajada ante Italia en ese primer tiempo del alargue, ante un tiro libre delicioso, bien ubicado pero también bien potenciado, de Roberto Baggio, el joven crack que en el ´90 mostró mucho de lo que era (tenía 23 años) y sería en el futuro: vuela Goyco y con la punta de los dedos le saca el gol al Divino. Todo igualado y a sufrir.
➞ Los penales, muy frescos en las memorias: nada que decir de una de las definiciones más dramáticas. Diego pateando con su estilo siempre horrible desde los doce pasos (su único punto flojo como futbolista) y un drama que sólo podía ocurrir en Italia. Si querés verlos otra vez, ahora creo que no generan nerviosismo (?). Zenga casi le ataja a Serrizuela, Goycoechea casi saca el de Baggio, y así... Hasta el final con Donadoni, Diego y Serena. Acá la tanda completa, sin cortes. También hay, en el final, entrevistas con Bilardo, Goyco y Diego con la TV italiana. Ojo, si tenés menos tiempo: acá en un par de minutos están los penales, con relato local.