Durante la Copa América vivimos un festival de videoarbitraje. Montones de goles anulados, en general por posición adelantada, son el principal signo que deja esta competición. El desinterés, los estadios bastante vacíos, el flojísimo nivel futbolístico, son algunos otros.
El VAR, que se viene rumiando hace años en el estómago de FIFA, se hizo verdad en Rusia 2018. Ya habíamos visto avances pero en la cita mundialista explotó: un mecanismo muy aceitado, con un centro de revisión unificado, que tomó montones de decisiones súper correctas y no dejó a nadie con muchas quejas (bueno, sí, varios países tuvieron a la masa periodística realizando largas y aburridas diatribas).
Ese VAR ruso era lo esperado: la tecnología había llegado (por fin) a traer la justicia que al fútbol le faltaba. Un despliegue tecnológico (y de gastos) muy difícil de replicar en otras competiciones. Y un factor clave, que nunca tenemos que olvidar ante la presencia de (como su nombre lo dice) la videoasistencia: el juez del partido es siempre quien tiene la última decisión sobre el suceso.
¿Es esa justicia la que esperamos del apoyo de desarrollos técnicos para arbitrar? Creo que, perjudicados momentáneos aparte, mayormente la respuesta es positiva. O por lo menos el mediano-largo plazo harán que ese termine siendo el consenso. Un fallo revelado a través del VAR que tal vez nos perjudica hoy, con el paso del tiempo y el desarrollo del sistema, será una simple anécdota. En especial cuando (claro que sí) aparezca un fallo favorable en un partido decisivo. Esa es la mirada del hincha, que invade también el periodismo y no es novedad.
¿Qué pasa cuando el sistema ruso o, digamos, un VAR con montones de dinero detrás, desarrollado con tecnología de punta, no es lo que estamos viendo en una competición determinada? Creo, con mucho margen para errar, que puede ser el caso de la Copa América Brasil 2019. Las revisiones tardan más que lo deseado, a veces consumiendo un minuto entero, en el que además no sabemos bien qué está pasando. Y, aquí, aparece algo más que no tiene que ver solamente con el dinero invertido: también hay una decisión política.
La decisión adoptada por CONMEBOL en Brasil 2019 es no mostrar el material fílmico (los videos que revisan los videoasistentes arbitrales) hasta que la decisión se haya tomado. Y esto va en la dirección contraria al VAR aplicado en Rusia 2018 (y en la Champions League): allí podíamos ver el video de lo que se estaba revisando, una, dos o cinco veces, mientras los jueces revisaban la imagen. También cuando llaman al árbitro y va hacia la (ya) famosa cabinita del VAR a mirar la pantalla junto al campo de juego: vemos lo mismo, juzgamos con la mirada propia, contrastamos lo visto en la jugada inicial con las repeticiones en cámara ultra-lenta.
Tenemos, entonces, la sensación de estar juzgando (o discutiendo sobre el fallo) al mismo tiempo que el juez de partido. Y lo que decida allí nos resultará más justo. Porque vimos el proceso, porque acostumbrados hace décadas a ver el fútbol por TV (todos vemos muchísimos más partidos televisados que los que vemos en cancha) tenemos el ojo afilado. Si creemos que podemos ver más que el juez y que siempre estará equivocado, es un tema relacionado a problemas de ego (que exceden estas líneas). Pero la costumbre, el hábito, seamos profesionales (periodistas, deportistas) o aficionados (hinchas, espectadores) la tenemos construida, ya viene con nosotros: podemos, con el VAR, revisar visualmente los fallos con "naturalidad". Y la sensación de justicia que viene con ello, completa el sistema.
Por estos motivos, por la transparencia que conlleva mostrar las imágenes del VAR mientras se están revisando las jugadas y, contrariamente, por la opacidad que trae consigo NO mostrar las revisiones videoarbitrales, es que CONMEBOL se metió en un despiole enorme en esta Copa América. El VAR es un sistema creado y reglamentado para traer transparencia: ocultar la forma en que se hace la magia es restarle veracidad, es quitarle valor y generar este caos de comentarios, opiniones, jugadores que gritaron goles que no fueron y, sobre todo, fomentar el descreimiento en la validez del apoyo tecnológico para traer justicia al fútbol.
Algunas cuestiones extra:
➞ Al mismo tiempo que Brasil 2019, se estuvo disputando el Mundial Femenino en Francia. Allí el VAR se aplicó con igual mecanismo que en Rusia 2018 y, si bien las polémicas no faltaron y hasta hubo modificaciones en la aplicación a mitad de torneo, todo pareció mucho más justo: ¿será que además de ser, hay que también parecer?
➞ Por otro lado, todo luce un poco más incómodo para los espectadores, por los recientes cambios reglamentarios instaurados por la IFAB que, si bien no son tan significativos en la modificación del mecanismo de juego en general, son un factor novedoso (con lo que cuesta introducir modificaciones en el fútbol) aún no incorporado y que aporta "confusión". Podés repasar esas nuevas reglas, que rigen desde hace un mes y algunos días: en un formato reducido (que compilé especialmente) o descargando el reglamento completo del fútbol.