El fútbol argentino está en un espiral descendente que, por momentos, se parece más a un tobogán recto que a un espiral (digamos) por lo pronunciado de la pendiente. La gestión de "Chiqui" Tapia se destaca ya como una de las más impresentables de la historia y con la ayuda invalorable del equipo gerencial de la primera división, la mal llamada Superliga, todo se desmorona. Que no lo notemos a simple vista, creo, tiene que ver con la magnitud de lo que se está cayendo: mientras más grande es la bestia, más tarda en sucumbir ante los embates, más lentamente va hacia el suelo pero bien pesada, dura y ruidosa será la caída. Me puse simbólico, la verdad ya no sé cómo referirme a estos muchachos.
La Superliga 2019/2020, la que se jugará cuando termine la Copa América de este año (es difícil, lo sé, pero no confundir con la del año próximo), fue parcialmente definida en estos días. Siempre tratando de arreglar el esperpento generado por la fabulosa idea de poner 30 equipos en la primera división, arruinándola por años como un verdadero rejunte, los dirigentes van (con su sello) emparchando sobre la marcha, tomando decisiones tendenciosas (siempre) y tratando de que no se note mucho (spoiler: sí, se nota, señores).
La encerrona autoinfligida es clara: hay una cantidad extraña de equipos para una primera división (sean 26 o 24) y tienen que acomodar el calendario como se pueda. No pueden armar un torneo largo, en la que los equipos se enfrenten dos veces porque (a números de la temporada próxima, o sea: 24 equipos) terminarían jugándose 46 fechas, cuando un año calendario tiene 52 semanas. Ya están haciendo un experimento insensato este año, con la Copa de la Superliga que está comenzando, y trataron (remarco, trataron) de hacer algo más decente para la temporada próxima.
¿Cómo se resolvió el asunto? Por ahora (y vuelvo a remarcar: por ahora) de la siguiente manera: con la disputa de un torneo tipo liga, en la que los 24 equipos jueguen, en formato "todos contra todos" 23 fechas. Una Superliga muy parecida a la que ganó Racing, con dos fechas menos (porque hay dos equipos menos). Esa Superliga de 23 fechas se planteó jugarla en el segundo semestre de 2019 pero, increíblemente, ya dieron marcha atrás. Era, por cierto, muy fácil darse cuenta que empezando tras la Copa América de Brasil y con la cantidad de fines de semana electorales que habrá en la Argentina este año (primarias, generales y balotaje, solamente de las presidenciales, ocuparán tres fines de semana) no había forma de "encajar" la liga en el calendario entre julio y diciembre. Ya están pensando cómo disputar la liga, seguramente en un formato muy parecido al realizado con la última edición (que se jugó 15 fechas en un semestre y 10 en el siguiente), aunque con estos tipos al mando cualquier cosa puede pasar.
Ahora pasamos al segundo torneo. Ese que, al igual que esta Copa de Superliga que está comenzando, hace las veces de relleno en la segunda mitad de la temporada. Comenzando en enero de 2020, se estipuló algo (por fin) bastante lógico: un torneo en dos grupos de 12 equipos, con los ganadores de cada uno jugando una final. El campeón va a la Copa Libertadores y el subcampeón a la Sudamericana, ambas de 2021. Se llamaría también Copa de la Superliga (siendo una liga), para no cometer la desprolijidad de "matar" un torneo nuevo tras solamente jugarlo una vez, si bien no será para nada similar la disputa.
Seguirán existiendo en Superliga los promedios de descenso, si bien en las demás categorías del fútbol argentino (las manejadas, digamos, exclusivamente por AFA) serán eliminados, en un suceso histórico. Una medida sólo comprensible, en la primera división, desde la perspectiva del poder que maneja los hilos: el de los equipos grandes que, con Superliga o sin ella, manejan a piacere el fútbol local.
La Superliga 2019/2020, la que se jugará cuando termine la Copa América de este año (es difícil, lo sé, pero no confundir con la del año próximo), fue parcialmente definida en estos días. Siempre tratando de arreglar el esperpento generado por la fabulosa idea de poner 30 equipos en la primera división, arruinándola por años como un verdadero rejunte, los dirigentes van (con su sello) emparchando sobre la marcha, tomando decisiones tendenciosas (siempre) y tratando de que no se note mucho (spoiler: sí, se nota, señores).
La encerrona autoinfligida es clara: hay una cantidad extraña de equipos para una primera división (sean 26 o 24) y tienen que acomodar el calendario como se pueda. No pueden armar un torneo largo, en la que los equipos se enfrenten dos veces porque (a números de la temporada próxima, o sea: 24 equipos) terminarían jugándose 46 fechas, cuando un año calendario tiene 52 semanas. Ya están haciendo un experimento insensato este año, con la Copa de la Superliga que está comenzando, y trataron (remarco, trataron) de hacer algo más decente para la temporada próxima.
¿Cómo se resolvió el asunto? Por ahora (y vuelvo a remarcar: por ahora) de la siguiente manera: con la disputa de un torneo tipo liga, en la que los 24 equipos jueguen, en formato "todos contra todos" 23 fechas. Una Superliga muy parecida a la que ganó Racing, con dos fechas menos (porque hay dos equipos menos). Esa Superliga de 23 fechas se planteó jugarla en el segundo semestre de 2019 pero, increíblemente, ya dieron marcha atrás. Era, por cierto, muy fácil darse cuenta que empezando tras la Copa América de Brasil y con la cantidad de fines de semana electorales que habrá en la Argentina este año (primarias, generales y balotaje, solamente de las presidenciales, ocuparán tres fines de semana) no había forma de "encajar" la liga en el calendario entre julio y diciembre. Ya están pensando cómo disputar la liga, seguramente en un formato muy parecido al realizado con la última edición (que se jugó 15 fechas en un semestre y 10 en el siguiente), aunque con estos tipos al mando cualquier cosa puede pasar.
Ahora pasamos al segundo torneo. Ese que, al igual que esta Copa de Superliga que está comenzando, hace las veces de relleno en la segunda mitad de la temporada. Comenzando en enero de 2020, se estipuló algo (por fin) bastante lógico: un torneo en dos grupos de 12 equipos, con los ganadores de cada uno jugando una final. El campeón va a la Copa Libertadores y el subcampeón a la Sudamericana, ambas de 2021. Se llamaría también Copa de la Superliga (siendo una liga), para no cometer la desprolijidad de "matar" un torneo nuevo tras solamente jugarlo una vez, si bien no será para nada similar la disputa.
Seguirán existiendo en Superliga los promedios de descenso, si bien en las demás categorías del fútbol argentino (las manejadas, digamos, exclusivamente por AFA) serán eliminados, en un suceso histórico. Una medida sólo comprensible, en la primera división, desde la perspectiva del poder que maneja los hilos: el de los equipos grandes que, con Superliga o sin ella, manejan a piacere el fútbol local.