El disparador de estas reflexiones es el resultado de un partido bastante malo, en el que el River Plate de Uruguay eliminó al Santos de Brasil con un empate 1-1 en la vuelta (habían salido 0-0 en Montevideo; la ventaja habitual para quien marca el gol de visitante). El DT del Santos es el infausto Jorge Sampaoli. Su equipo tuvo la pelota casi el 80% del tiempo, generó 4 llegadas medianamente claras (ni siquiera el gol lo fue: es un centro que el delantero va a buscar, no la toca, confunde al arquero y termina llegando al gol) y se quedó afuera de local, contra un equipo "en los papeles menor" y que convirtió la única situación de gol que tuvo: un contraataque, con el Santos mal parado (defensa bien arriba, en línea tontamente), un pase largo, de afuera hacia adentro, el delantero llega antes que el zaguero y el arquero, la puntea larga para ir a buscarla y define con el arco vacío. El River oriental tuvo la pelota el 20% del tiempo, acertó menos pases que su rival, llegó un cuarto de las veces. Si exprimimos la estadística hasta el ridículo: es una llegada cada 20% de posesión, el Santos tuvo 4 y el River 1. Efectividad: 1 gol para cada equipo, por cada 20% de balón obtenido. Resultado del partido: 1-1.
¿Para qué la posesión? Un equipo que tiene la pelota casi el 80% del partido "no puede" llegar solamente 4 veces, y ninguna con claridad. Y además, en la única que lo atacan y termina en gol, estar mal parado, con la defensa excesivamente adelantada (se entiende "la filosofía" pero a veces no parece necesario tanto purismo), solo un hombre llega a cerrar al delantero que, convengamos, tampoco es el "Pájaro" Caniggia. Si se tiene la posesión con tanta superioridad, quiere decir que se maneja el espacio que el equipo ocupa y, uno tiende a pensar, ese espacio es en ataque, buscando el arco rival.
Estamos, por suerte, saliendo de La Era de la Posesión: en el último Mundial, como en otros torneos de primera línea, algunos equipos demostraron que el fútbol tiene otras variantes (en MDF 02: columna de Rafa López Binaghi sobre el fútbol de transición). Fue hermoso ver al Barcelona de Xavi-Messi-Iniesta. España llevó esa filosofía a Sudáfrica 2010 y fue campeón del mundo (el más aburrido de los campeones del mundo en décadas). La Posesión se convirtió en el paradigma de los cultos, de los virtuosos, de los que podían (y eran tan pocos los que realmente podían). Como también en el de los que no: montones de equipos, con técnicos "Guardiolistas" e incluso "Bielsistas" hicieron (y siguen haciendo, aunque el paradigma cambió) que sus equipos busquen la posesión máxima. Y también equipos que no, que buscaron la posesión por la posesión, porque estaba de moda, y siempre fueron (y son) ejercicios incompletos de lo que sería el juego de "tenerla todo el tiempo posible".
¿Y los goles? Un ejemplo posible es el Defensa y Justicia segundo de la Superliga Argentina: Beccacece armó un equipo intenso, donde no priman los nombres mas sí el sistema, donde el funcionamiento y la estructura hacen que el "Halcón" le pegue un soberano baile a Boca en una noche de domingo y, además, se vaya perdiendo (dejando el invicto y la punta del torneo). Un Defensa que funciona muchísimo en todos los sectores del campo, hasta llegar al área. El gol siempre se les da en el final, por insistentes, por agotamiento del rival, por una mentalidad corajuda que los hace ir e ir. Nadie duda que Defensa es "un montón de jugadores por ahora desconocidos" que funciona como sistema muy por arriba de sus capacidades: veremos en unos años adónde van Blanco, Togni y Aliseda. De Fernando "Cuqui" Márquez no podemos esperar mucho ya: un delantero que sabe salir del área, que tiene gol, que jugó en Unión, Crucero del Norte y Belgrano, un 9 no habitual, como también un jugador más, un delantero que ningún equipo va a ir a buscar por sus características (¿cómo será "Cuqui" hoy, fuera del sistema de DyJ?). No es un gran centrodelantero, si bien hace goles a veces complicados, sí tiene la insistencia de su equipo, tal vez el "Sello Beccacece" sea exactamente ese: que los jugadores sea tenaces, insistentes, intensos. Y el fútbol de hoy tiene un montón de eso, como también tiene otras cosas. Defensa tiene mucho la pelota y sufre de la falta de contundencia, ganó varios partidos sobre la hora (dando vuelta el resultado muchas veces, algo que se consigue poco) pero le falta sabor dentro del área.
El "Halcón" de Varela, o el Santos brasileño del partido de esta semana, pueden poseer gran parte del tiempo la pelota; pueden generar superioridad sobre el rival en casi todo el campo de juego, con todo lo bueno que se obtiene de ello; también pueden llegar al arco tres veces más que el rival de turno, o llegar la misma cantidad, generando igual o menor daño; son equipos que, si vemos los números y nos asombra la posesión, pueden "llenarnos" la vista (además de por lo generado en todos esos minutos con la pelota). Pero si las llegadas son inefectivas, si no son claras, si el rival en uno o dos ataques les puede ganar el partido: ¿Para qué sirvió toda esa posesión?
¿Para qué la posesión? Un equipo que tiene la pelota casi el 80% del partido "no puede" llegar solamente 4 veces, y ninguna con claridad. Y además, en la única que lo atacan y termina en gol, estar mal parado, con la defensa excesivamente adelantada (se entiende "la filosofía" pero a veces no parece necesario tanto purismo), solo un hombre llega a cerrar al delantero que, convengamos, tampoco es el "Pájaro" Caniggia. Si se tiene la posesión con tanta superioridad, quiere decir que se maneja el espacio que el equipo ocupa y, uno tiende a pensar, ese espacio es en ataque, buscando el arco rival.
Estamos, por suerte, saliendo de La Era de la Posesión: en el último Mundial, como en otros torneos de primera línea, algunos equipos demostraron que el fútbol tiene otras variantes (en MDF 02: columna de Rafa López Binaghi sobre el fútbol de transición). Fue hermoso ver al Barcelona de Xavi-Messi-Iniesta. España llevó esa filosofía a Sudáfrica 2010 y fue campeón del mundo (el más aburrido de los campeones del mundo en décadas). La Posesión se convirtió en el paradigma de los cultos, de los virtuosos, de los que podían (y eran tan pocos los que realmente podían). Como también en el de los que no: montones de equipos, con técnicos "Guardiolistas" e incluso "Bielsistas" hicieron (y siguen haciendo, aunque el paradigma cambió) que sus equipos busquen la posesión máxima. Y también equipos que no, que buscaron la posesión por la posesión, porque estaba de moda, y siempre fueron (y son) ejercicios incompletos de lo que sería el juego de "tenerla todo el tiempo posible".
¿Y los goles? Un ejemplo posible es el Defensa y Justicia segundo de la Superliga Argentina: Beccacece armó un equipo intenso, donde no priman los nombres mas sí el sistema, donde el funcionamiento y la estructura hacen que el "Halcón" le pegue un soberano baile a Boca en una noche de domingo y, además, se vaya perdiendo (dejando el invicto y la punta del torneo). Un Defensa que funciona muchísimo en todos los sectores del campo, hasta llegar al área. El gol siempre se les da en el final, por insistentes, por agotamiento del rival, por una mentalidad corajuda que los hace ir e ir. Nadie duda que Defensa es "un montón de jugadores por ahora desconocidos" que funciona como sistema muy por arriba de sus capacidades: veremos en unos años adónde van Blanco, Togni y Aliseda. De Fernando "Cuqui" Márquez no podemos esperar mucho ya: un delantero que sabe salir del área, que tiene gol, que jugó en Unión, Crucero del Norte y Belgrano, un 9 no habitual, como también un jugador más, un delantero que ningún equipo va a ir a buscar por sus características (¿cómo será "Cuqui" hoy, fuera del sistema de DyJ?). No es un gran centrodelantero, si bien hace goles a veces complicados, sí tiene la insistencia de su equipo, tal vez el "Sello Beccacece" sea exactamente ese: que los jugadores sea tenaces, insistentes, intensos. Y el fútbol de hoy tiene un montón de eso, como también tiene otras cosas. Defensa tiene mucho la pelota y sufre de la falta de contundencia, ganó varios partidos sobre la hora (dando vuelta el resultado muchas veces, algo que se consigue poco) pero le falta sabor dentro del área.
El "Halcón" de Varela, o el Santos brasileño del partido de esta semana, pueden poseer gran parte del tiempo la pelota; pueden generar superioridad sobre el rival en casi todo el campo de juego, con todo lo bueno que se obtiene de ello; también pueden llegar al arco tres veces más que el rival de turno, o llegar la misma cantidad, generando igual o menor daño; son equipos que, si vemos los números y nos asombra la posesión, pueden "llenarnos" la vista (además de por lo generado en todos esos minutos con la pelota). Pero si las llegadas son inefectivas, si no son claras, si el rival en uno o dos ataques les puede ganar el partido: ¿Para qué sirvió toda esa posesión?