Mientras San Lorenzo apronta su vuelta a Boedo y Boca sigue pensando cómo hacer que miles de socios entren en La Bombonera (o en otro sitio), River está pensando en una obra multimillonaria para construir un nuevo estadio, a metros del Monumental.
¿Quieren los hinchas la mudanza? ¿Cuántos recuerdos quedan atrás en el estadio que usa River desde 1938? ¿Qué pinta tiene el asunto si hablamos de cambiarlo por el estadio más moderno de Latinoamérica? En River circulan todas estas preguntas, entre hinchas, dirigentes y empresarios que son ambas cosas (o solo una, o ninguna de las dos) en torno al megaproyecto que es construir un nuevo estadio, en terrenos cercanos (no cambiar el barrio, y tener casi la misma ubicación, funciona como un aliciente importante), para salvar todos los problemas que hoy tiene el Monumental de Núñez: el campo de juego dista del nivel que debería tener, siendo además el estadio de la Selección Argentina; los hinchas no entran, ya que River supera las capacidades con sus socios, a los que tampoco puede albergar en su totalidad en partidos clave; el estadio está viejo, los accesos son trabados, la pista de atletismo complica mucho la visión, no tiene sectores techados, la iluminación es buena pero podría ser menos compleja, etcétera.
En esta nota de Diego Genoud, periodista especializado en las bambalinas de la política argentina (y también hincha de River, por lo que conoce al dedillo los lazos de esa política dentro del club y sus ramificaciones hacia afuera), se repasa una larga lista de nombres entre los que participarían del proyecto que el presidente del club Rodolfo D'Onofrio tiene entre manos: Jorge Brito, hijo del dueño del Grupo Macro y vicepresidente primero de la institución millonaria; Adrián y Gerardo Werthein, los primos que lideran el grupo que lleva su apellido, compraron hace poco los predios del Tiro Federal Argentino, frente al actual estadio, en una movida de 151 millones de dólares (la mayor subasta realizada por el Banco Ciudad en su historia); Sergio Grosskopf, el menos conocido de esta lista es uno de los más importantes quizás: desarrollador inmobiliario de enormes proyectos, que opera desde Miami construyendo lujosas torres en Punta del Este y Puerto Madero, es señalado en la nota como el posible ejecutor de la construcción del estadio; y Diego Santilli, de amplias raíces con el club (aunque distanciado con la dirigencia después del papelón de la final de Copa Libertadores) aparece como uno de los principales interesados (cualquier "enemistad" se resuelve con un buen negocio ¿no?) en hacer obras en esa parte del norte de la Ciudad, incluida la liquidación del CENARD y el nuevo estadio de River.
Remodelar el Monumental es complicado ya que por la cercanía con el Aeroparque no se puede construir hacia arriba, y D'Onofrio no ve con buenos ojos perder la localía mientras se desarrollen las obras. Por lo tanto, además de tener un montón de motivaciones por el lado de los negocios, la idea del oficialismo en River es ir tras los pasos institucionales necesarios para que el proyecto de un nuevo estadio empiece a caminar.
La inversión de unos 300 millones de dólares que implicaría la construcción de un estadio para 85 mil personas (casi 20 mil más que la capacidad actual) requiere además de los terrenos comprados por el Grupo Werthein (que pueden ser o no parte de todo esto, aunque están sabrosamentefrente al club), la compra de otros terrenos (también linderos al Tiro Federal) que están más al norte, junto a la ex ESMA: unas 7 hectáreas de las que se haría River en unos 20 millones de dólares (una ganga al lado de los 150 que "gastaron" los Werthein), entre las que se encuentran terrenos del campo de deportes de la Armada. Patricia Walsh, ex legisladora porteña e hija de Rodolfo Walsh, denunció que en esos terrenos (en los que buscó restos hace unos años el Equipo Argentino de Antropología Forense) podrían hallarse enterrados cuerpos de desaparecidos del principal centro clandestino de detención de la última dictadura militar.
¿Quieren los hinchas la mudanza? ¿Cuántos recuerdos quedan atrás en el estadio que usa River desde 1938? ¿Qué pinta tiene el asunto si hablamos de cambiarlo por el estadio más moderno de Latinoamérica? En River circulan todas estas preguntas, entre hinchas, dirigentes y empresarios que son ambas cosas (o solo una, o ninguna de las dos) en torno al megaproyecto que es construir un nuevo estadio, en terrenos cercanos (no cambiar el barrio, y tener casi la misma ubicación, funciona como un aliciente importante), para salvar todos los problemas que hoy tiene el Monumental de Núñez: el campo de juego dista del nivel que debería tener, siendo además el estadio de la Selección Argentina; los hinchas no entran, ya que River supera las capacidades con sus socios, a los que tampoco puede albergar en su totalidad en partidos clave; el estadio está viejo, los accesos son trabados, la pista de atletismo complica mucho la visión, no tiene sectores techados, la iluminación es buena pero podría ser menos compleja, etcétera.
En esta nota de Diego Genoud, periodista especializado en las bambalinas de la política argentina (y también hincha de River, por lo que conoce al dedillo los lazos de esa política dentro del club y sus ramificaciones hacia afuera), se repasa una larga lista de nombres entre los que participarían del proyecto que el presidente del club Rodolfo D'Onofrio tiene entre manos: Jorge Brito, hijo del dueño del Grupo Macro y vicepresidente primero de la institución millonaria; Adrián y Gerardo Werthein, los primos que lideran el grupo que lleva su apellido, compraron hace poco los predios del Tiro Federal Argentino, frente al actual estadio, en una movida de 151 millones de dólares (la mayor subasta realizada por el Banco Ciudad en su historia); Sergio Grosskopf, el menos conocido de esta lista es uno de los más importantes quizás: desarrollador inmobiliario de enormes proyectos, que opera desde Miami construyendo lujosas torres en Punta del Este y Puerto Madero, es señalado en la nota como el posible ejecutor de la construcción del estadio; y Diego Santilli, de amplias raíces con el club (aunque distanciado con la dirigencia después del papelón de la final de Copa Libertadores) aparece como uno de los principales interesados (cualquier "enemistad" se resuelve con un buen negocio ¿no?) en hacer obras en esa parte del norte de la Ciudad, incluida la liquidación del CENARD y el nuevo estadio de River.
Remodelar el Monumental es complicado ya que por la cercanía con el Aeroparque no se puede construir hacia arriba, y D'Onofrio no ve con buenos ojos perder la localía mientras se desarrollen las obras. Por lo tanto, además de tener un montón de motivaciones por el lado de los negocios, la idea del oficialismo en River es ir tras los pasos institucionales necesarios para que el proyecto de un nuevo estadio empiece a caminar.
La inversión de unos 300 millones de dólares que implicaría la construcción de un estadio para 85 mil personas (casi 20 mil más que la capacidad actual) requiere además de los terrenos comprados por el Grupo Werthein (que pueden ser o no parte de todo esto, aunque están sabrosamentefrente al club), la compra de otros terrenos (también linderos al Tiro Federal) que están más al norte, junto a la ex ESMA: unas 7 hectáreas de las que se haría River en unos 20 millones de dólares (una ganga al lado de los 150 que "gastaron" los Werthein), entre las que se encuentran terrenos del campo de deportes de la Armada. Patricia Walsh, ex legisladora porteña e hija de Rodolfo Walsh, denunció que en esos terrenos (en los que buscó restos hace unos años el Equipo Argentino de Antropología Forense) podrían hallarse enterrados cuerpos de desaparecidos del principal centro clandestino de detención de la última dictadura militar.