Primero un párrafo para los números: César Luis Menotti fue campeón del Mundial ´78 y del Mundial Juvenil ´79 como director técnico de la Selección Argentina. Como entrenador también ganó el Metropolitano 1973 con Huracán (muy recordado, un equipo con varios cracks) y tres títulos con el Barcelona: la Copa del Rey 82/83, la hoy extinta Copa de Liga en 1983 y la Supercopa de España en el mismo año (no ganó la liga; ni hablar de competiciones europeas). Desde 1983 hasta el final de su carrera como DT no ganó más títulos. En Argentina dirigió a: Huracán, Boca (en dos oportunidades), River, Rosario Central e Independiente (en tres de ocasiones). Su último trabajo, ya no como técnico sino como manager, fue en el Rojo justamente, allá por 2009-2010 (algunos todavía recuerdan ese paso, de la mano de Comparada). No trabaja desde ese momento en el mundo del fútbol. En otros países fue entrenador de: Barcelona, Atlético de Madrid, Peñarol, Sampdoria, Puebla y Tecos. En México también dirigió la Selección, durante 1991-92.
Ahora vamos a los bifes: "Chiqui" Tapia está demostrando en su tiempo en AFA que sabe poco de fútbol. Y que además está mal asesorado. También, con sus acciones, no para de desprestigiar a la Selección Argentina. No es extraño, de este modo, que no consigan un director técnico decente para ocupar el cargo. Las varias negativas, sean de Simeone, Gallardo u otros técnicos con trabajo (y contratos extensos, y millonarios por tanto), se explican en parte por el despiole que es la gestión de AFA actual. Tras la muerte de Grondona, la banda de forajidos gestada en los años del Mandatario Máximo del fútbol se hizo cargo del timón. O los timones, o directamente podemos decir que derivan, llevando a la AFA de aquí para allá: la votación 38-38 es la muestra excesiva de esto. Era impensable que se pudiera "extrañar" a Julio Humberto Grondona pero estos incompetentes (por ser suave) realmente hacen dudar si el oscuro pasado era mejor. Grondona, del que puedo escribir no menos de diez párrafos sobre sus nefastas artes (no voy a aburrir, no preocupar), por lo menos sabía elegir entrenadores para la Selección. Y sostenerlos.
"Chiqui" Tapia en su mandato en AFA tomó hasta ahora 5 o 6 decisiones clave respecto de la Selección Argentina: primero cesó en el cargo de DT a Edgardo Bauza, a poco de asumir la presidencia. El "Patón" venía tambaleando en unas malas eliminatorias de Argentina. Fue reemplazado, tras varias semanas de "espera" por Jorge Sampaoli. El nacido en Casilda estuvo poco más de un año en el seleccionado: logró clasificar en la última fecha de eliminatorias, tras probar montones de jugadores y varios caprichos, solo por obra de un Messi encendido. En Rusia 2018 ya vimos el papelón que hizo, redondeando una de las peores actuaciones (en todos los aspectos) de un seleccionado argentino de los últimos, por lo menos, 30 años. Aún así, Tapia se tomó su tiempo (negociaciones poco claras mediante) para sacarlo del cargo. Había un "asuntito": por una ridícula idea de AFA, el cargo de Sampaoli duraba hasta 2022. Las dos decisiones últimas de "Chiqui" por ahora, son todavía peores que las anteriores: tras no conseguir ningún técnico decente para una selección de segundo nivel mundial (claramente no estamos en el primer escalón, y estamos más cerca del tercero mientras tanto) decidió dejar al técnico más interino que tuvo Argentina en décadas: Lionel Scaloni. Ratificado hasta la Copa América (en lo que sería, en verdad, la quinta decisión de Tapia). La entonces sexta es la que nos compete hoy: designar a Menotti en el cargo de Director de Selecciones. Un cargo que, bien utilizado y formulado, con una ejecución correcta, podría ser muy útil. Un cargo en el que Menotti, hace diez o veinte años, hubiera sido (gustos aparte) quizás hasta indicado. Un cargo hoy inentendible, rifado, regalado, a un hombre que está literalmente jubilado, que solo aparece en noches de homenaje en Parque Patricios.
No es posible entender hoy la designación de Menotti en un cargo que sería tan importante si no estuviera mal formulado. En primer lugar porque en los últimos meses, con una desprolijidad notoria, se designaron todos los entrenadores de la selección mayor y las juveniles. Varios de los cargos parecen ciertamente interinatos, por no decir designaciones caprichosas. Con ex jugadores que han dado mucho en los juveniles (o en la selección mayor), y que ciertamente conocen los pasillos y los pastos del predio que la AFA posee en Ezeiza (hace unos años llamado Julio H. Grondona, vale recordar), ex jugadores hasta queribles como Pablo César Aimar o Walter Samuel, que poca o nula experiencia tienen como entrenadores (ni hablar como formadores de juveniles). Sintetizando, se me ocurre una metáfora: "Chiqui" Tapia repartió cargos en estos meses, en las categorías juveniles, como si se tratara de panelistas copados para un programa de TV que no existe. Sería entretenido cruzar en debates futboleros a Scaloni, Samuel, Aimar, Ayala, y hasta tomar unos mates, quien te dice un fernet... De ahí a que dirijan seleccionados argentinos hay una distancia muy grande (dejo de lado la designación de Fernando Batista para la sub-20, parece harina de otro costal, si bien también es debatible). Menotti llegará con todos estos cargos recién repartidos, sin mucha relación previa con ninguno de los entrenadores, tras una larga inactividad (en la que esperemos haya mirado mucho fútbol y leído más), con probablemente "poca mano para meter" y a la espera de una Copa América Brasil 2019 que será decisiva en varios aspectos.
El torneo continental que se jugará entre junio y julio en Brasil será probablemente el último de Scaloni (¿cómo podría seguir en el cargo? ¿ganando el torneo o hace falta algo más?). Marcará el regreso de Messi a las competencias oficiales, quién sabe si con algún amistoso previo vistiendo los colores antes de la Copa. También sería el momento de volver para algunos "vetados" de las convocatorias descartables post-Rusia 2018. Y servirá de tubo de ensayo sobre el que volcaremos miles de palabras: una Copa América que Argentina no gana desde 1993, que se volvió una "carga" en las últimas dos finales perdidas con Chile y que, sumadas ya todas las finales no-ganadas, hay una larga lista que a muchos les gusta blandir...
Argentina ganó en toda su historia 14 títulos de Copa América. El último lapso extenso sin ganarla se cortó en una época muy recordada (ya que vinieron dos títulos en fila): la Selección del "Coco" Basile y sus victorias en Chile ´91 y Ecuador ´93. Antes de ganar la de 1991, Argentina venía de 32 años sin ganarla: desde 1959, una barbaridad. Es el segundo equipo con más títulos sudamericanos, detrás de Uruguay (15) y el que más finales disputó: se quedó a la vera del triunfo en 14 oportunidades. A Brasil 2019 iremos con poca esperanza, un montón de ilusiones, un DT interino y un Director de Selecciones jubilado. Todo esto si Menotti no denuncia cuestiones éticas y deja el cargo a las tres semanas de asumir, actitud que no sería extraña conociendo al personaje.
Menotti es, sin dudas, uno de los DTs que ha marcado para siempre al fútbolargentino: la extensa antinomia con Bilardo (antes con Lorenzo; sí, siempre hubo grietas), esa ridícula y desgastada cuestión del menottismo vs. el bilardismo que tanto mal nos ha hecho (?), perdiendo tantas veces el foco de qué ocurre realmente en el campo de juego y cómo han jugado los seleccionados que sellaron la historia.
El de Argentina ´78, con toda la carga de ser el mundial de la dictadura militar y la cantidad de particularidades que eso trajo consigo, era un equipo rudo, que se dedicaba mucho más a correr que a jugar, con montones de talentos dejados de lado (Alonso, Bochini, Brindisi, J.J. López, por nombrar solamente cuatro, la lista es realmente larga), con un Kempes en llamas que resolvió la final con tres jugadas memorables (no hubo mucho más en el partido, si pueden ver la final completa lo recomiendo, es reveladora). Un equipo modernizado, que llevó al fútbol argentino a un rendimiento físico en el que no estaba cuatro años antes. Un equipo que concentró meses preparando un Mundial, con una lista de jugadores que no podían ser transferidos, y con solamente un "repatriado" (Kempes, justamente él) entre los 22 que ganaron el Mundial. Poniendo garra, corriendo mucho ("Tolo" Gallego fue una máquina), y con jugadores iluminados (Ardiles, Bertoni, no los quiero dejar de lado). Muy lejos de cualquier verso menottista y de "la nuestra" (o tal vez "la nuestra" sea también eso del ´78 y habría que revisar décadas de periodismo deportivo y charlas de café).
En México ´86 era un seleccionado dinámico, ultramoderno, ofensivo. Maradona fue en ese mes el mejor jugador (aún hoy) de la historia de todos los mundiales de fútbol (y, probablemente, nunca nadie tenga esa ascendencia nuevamente sobre un título, en ninguna competición), y estuvo acompañado por un sistema ofensivo, variado, con "todocampistas", con una gran defensa y un mejor ataque ("Burru" y Valdano: semidioses). Hay muchos goles hermosos de ese equipo que fue campeón en México: jugadas individuales, colectivas, innovadoras. Más allá del talento de Diego, del que no se puede decir más nada ya. El equipo de Bilardo ´86 funcionó perfecto, atacó un montón, y era un gran generador de espacios, atacando de contra pero también tomando la iniciativa, con ese 3-5-2 fantástico y bien alejado de cualquier etiqueta bilardista que se quiera imponer.
Menotti y Bilardo fueron, con el tiempo, partes importantes del encasillamiento y la grieta que se construyó a partir de ellos. El menottismo es hoy una charla de café pintoresca, un verso de jugar bien (y no ganar nunca campeonatos) que se puede expresar al máximo en un ser nefasto como Ángel Cappa. El bilardismo es ahora un bidón con pastillas para que tome Branco (porque el Bilardo ´90 era muy diferente al artista de 1986), un alfiler clavado en un tiro de esquina, un tipo encerrado en sus cábalas que busca ganar como sea.
(Mientras leés estas líneas te pueden dar ganas de contestarme, para insultarme o felicitarme, para contarme tu bilardismo o tu menottismo. Por favor, que no sea un mail corto: se puede, es válido, contestar este MDF e iniciar un debate, si te dan ganas hacelo. Solamente pido esa única cosa: que no sea un mail corto; el debate de estos asuntos nunca se dirime en pocas palabras. La respuesta, prometo, será de igual tenor, y siempre con respeto, con tiempo y con reflexiones, en lo posible)
Para cerrar: Bilardo hoy pasa sus días en un delicado estado de salud. Algunos medios y periodistas han optado por faltarle el respeto. Jamás haré eso en este espacio. El Doctor merece mi respeto eterno, aún siendo un viejito-loco-y-divertido durante los últimos 10 o 15 años, que decía cosas inentendibles en un programa de radio hecho por teléfono. Espero que no sufra y que sus (últimos) días tengan la mayor paz posible. Menotti tiene 80 años y trabajará desde el 1º de febrero como Director de Selecciones Nacionales: un cargo inentendible, disparador de esta extensa diatriba, que no será fácil de comprender ni de ejecutar (esa parte por suerte le toca a él, será su responsabilidad, así como la de "Chiqui" Tapia). Cargo que supongo "de adorno" pero que puede deparar sorpresas. Esperemos que sean, por una vez, sorpresas felices en el mágico mundo de la Asociación del Fútbol Argentino.
Ahora vamos a los bifes: "Chiqui" Tapia está demostrando en su tiempo en AFA que sabe poco de fútbol. Y que además está mal asesorado. También, con sus acciones, no para de desprestigiar a la Selección Argentina. No es extraño, de este modo, que no consigan un director técnico decente para ocupar el cargo. Las varias negativas, sean de Simeone, Gallardo u otros técnicos con trabajo (y contratos extensos, y millonarios por tanto), se explican en parte por el despiole que es la gestión de AFA actual. Tras la muerte de Grondona, la banda de forajidos gestada en los años del Mandatario Máximo del fútbol se hizo cargo del timón. O los timones, o directamente podemos decir que derivan, llevando a la AFA de aquí para allá: la votación 38-38 es la muestra excesiva de esto. Era impensable que se pudiera "extrañar" a Julio Humberto Grondona pero estos incompetentes (por ser suave) realmente hacen dudar si el oscuro pasado era mejor. Grondona, del que puedo escribir no menos de diez párrafos sobre sus nefastas artes (no voy a aburrir, no preocupar), por lo menos sabía elegir entrenadores para la Selección. Y sostenerlos.
"Chiqui" Tapia en su mandato en AFA tomó hasta ahora 5 o 6 decisiones clave respecto de la Selección Argentina: primero cesó en el cargo de DT a Edgardo Bauza, a poco de asumir la presidencia. El "Patón" venía tambaleando en unas malas eliminatorias de Argentina. Fue reemplazado, tras varias semanas de "espera" por Jorge Sampaoli. El nacido en Casilda estuvo poco más de un año en el seleccionado: logró clasificar en la última fecha de eliminatorias, tras probar montones de jugadores y varios caprichos, solo por obra de un Messi encendido. En Rusia 2018 ya vimos el papelón que hizo, redondeando una de las peores actuaciones (en todos los aspectos) de un seleccionado argentino de los últimos, por lo menos, 30 años. Aún así, Tapia se tomó su tiempo (negociaciones poco claras mediante) para sacarlo del cargo. Había un "asuntito": por una ridícula idea de AFA, el cargo de Sampaoli duraba hasta 2022. Las dos decisiones últimas de "Chiqui" por ahora, son todavía peores que las anteriores: tras no conseguir ningún técnico decente para una selección de segundo nivel mundial (claramente no estamos en el primer escalón, y estamos más cerca del tercero mientras tanto) decidió dejar al técnico más interino que tuvo Argentina en décadas: Lionel Scaloni. Ratificado hasta la Copa América (en lo que sería, en verdad, la quinta decisión de Tapia). La entonces sexta es la que nos compete hoy: designar a Menotti en el cargo de Director de Selecciones. Un cargo que, bien utilizado y formulado, con una ejecución correcta, podría ser muy útil. Un cargo en el que Menotti, hace diez o veinte años, hubiera sido (gustos aparte) quizás hasta indicado. Un cargo hoy inentendible, rifado, regalado, a un hombre que está literalmente jubilado, que solo aparece en noches de homenaje en Parque Patricios.
No es posible entender hoy la designación de Menotti en un cargo que sería tan importante si no estuviera mal formulado. En primer lugar porque en los últimos meses, con una desprolijidad notoria, se designaron todos los entrenadores de la selección mayor y las juveniles. Varios de los cargos parecen ciertamente interinatos, por no decir designaciones caprichosas. Con ex jugadores que han dado mucho en los juveniles (o en la selección mayor), y que ciertamente conocen los pasillos y los pastos del predio que la AFA posee en Ezeiza (hace unos años llamado Julio H. Grondona, vale recordar), ex jugadores hasta queribles como Pablo César Aimar o Walter Samuel, que poca o nula experiencia tienen como entrenadores (ni hablar como formadores de juveniles). Sintetizando, se me ocurre una metáfora: "Chiqui" Tapia repartió cargos en estos meses, en las categorías juveniles, como si se tratara de panelistas copados para un programa de TV que no existe. Sería entretenido cruzar en debates futboleros a Scaloni, Samuel, Aimar, Ayala, y hasta tomar unos mates, quien te dice un fernet... De ahí a que dirijan seleccionados argentinos hay una distancia muy grande (dejo de lado la designación de Fernando Batista para la sub-20, parece harina de otro costal, si bien también es debatible). Menotti llegará con todos estos cargos recién repartidos, sin mucha relación previa con ninguno de los entrenadores, tras una larga inactividad (en la que esperemos haya mirado mucho fútbol y leído más), con probablemente "poca mano para meter" y a la espera de una Copa América Brasil 2019 que será decisiva en varios aspectos.
El torneo continental que se jugará entre junio y julio en Brasil será probablemente el último de Scaloni (¿cómo podría seguir en el cargo? ¿ganando el torneo o hace falta algo más?). Marcará el regreso de Messi a las competencias oficiales, quién sabe si con algún amistoso previo vistiendo los colores antes de la Copa. También sería el momento de volver para algunos "vetados" de las convocatorias descartables post-Rusia 2018. Y servirá de tubo de ensayo sobre el que volcaremos miles de palabras: una Copa América que Argentina no gana desde 1993, que se volvió una "carga" en las últimas dos finales perdidas con Chile y que, sumadas ya todas las finales no-ganadas, hay una larga lista que a muchos les gusta blandir...
Argentina ganó en toda su historia 14 títulos de Copa América. El último lapso extenso sin ganarla se cortó en una época muy recordada (ya que vinieron dos títulos en fila): la Selección del "Coco" Basile y sus victorias en Chile ´91 y Ecuador ´93. Antes de ganar la de 1991, Argentina venía de 32 años sin ganarla: desde 1959, una barbaridad. Es el segundo equipo con más títulos sudamericanos, detrás de Uruguay (15) y el que más finales disputó: se quedó a la vera del triunfo en 14 oportunidades. A Brasil 2019 iremos con poca esperanza, un montón de ilusiones, un DT interino y un Director de Selecciones jubilado. Todo esto si Menotti no denuncia cuestiones éticas y deja el cargo a las tres semanas de asumir, actitud que no sería extraña conociendo al personaje.
Menotti es, sin dudas, uno de los DTs que ha marcado para siempre al fútbolargentino: la extensa antinomia con Bilardo (antes con Lorenzo; sí, siempre hubo grietas), esa ridícula y desgastada cuestión del menottismo vs. el bilardismo que tanto mal nos ha hecho (?), perdiendo tantas veces el foco de qué ocurre realmente en el campo de juego y cómo han jugado los seleccionados que sellaron la historia.
El de Argentina ´78, con toda la carga de ser el mundial de la dictadura militar y la cantidad de particularidades que eso trajo consigo, era un equipo rudo, que se dedicaba mucho más a correr que a jugar, con montones de talentos dejados de lado (Alonso, Bochini, Brindisi, J.J. López, por nombrar solamente cuatro, la lista es realmente larga), con un Kempes en llamas que resolvió la final con tres jugadas memorables (no hubo mucho más en el partido, si pueden ver la final completa lo recomiendo, es reveladora). Un equipo modernizado, que llevó al fútbol argentino a un rendimiento físico en el que no estaba cuatro años antes. Un equipo que concentró meses preparando un Mundial, con una lista de jugadores que no podían ser transferidos, y con solamente un "repatriado" (Kempes, justamente él) entre los 22 que ganaron el Mundial. Poniendo garra, corriendo mucho ("Tolo" Gallego fue una máquina), y con jugadores iluminados (Ardiles, Bertoni, no los quiero dejar de lado). Muy lejos de cualquier verso menottista y de "la nuestra" (o tal vez "la nuestra" sea también eso del ´78 y habría que revisar décadas de periodismo deportivo y charlas de café).
En México ´86 era un seleccionado dinámico, ultramoderno, ofensivo. Maradona fue en ese mes el mejor jugador (aún hoy) de la historia de todos los mundiales de fútbol (y, probablemente, nunca nadie tenga esa ascendencia nuevamente sobre un título, en ninguna competición), y estuvo acompañado por un sistema ofensivo, variado, con "todocampistas", con una gran defensa y un mejor ataque ("Burru" y Valdano: semidioses). Hay muchos goles hermosos de ese equipo que fue campeón en México: jugadas individuales, colectivas, innovadoras. Más allá del talento de Diego, del que no se puede decir más nada ya. El equipo de Bilardo ´86 funcionó perfecto, atacó un montón, y era un gran generador de espacios, atacando de contra pero también tomando la iniciativa, con ese 3-5-2 fantástico y bien alejado de cualquier etiqueta bilardista que se quiera imponer.
Menotti y Bilardo fueron, con el tiempo, partes importantes del encasillamiento y la grieta que se construyó a partir de ellos. El menottismo es hoy una charla de café pintoresca, un verso de jugar bien (y no ganar nunca campeonatos) que se puede expresar al máximo en un ser nefasto como Ángel Cappa. El bilardismo es ahora un bidón con pastillas para que tome Branco (porque el Bilardo ´90 era muy diferente al artista de 1986), un alfiler clavado en un tiro de esquina, un tipo encerrado en sus cábalas que busca ganar como sea.
(Mientras leés estas líneas te pueden dar ganas de contestarme, para insultarme o felicitarme, para contarme tu bilardismo o tu menottismo. Por favor, que no sea un mail corto: se puede, es válido, contestar este MDF e iniciar un debate, si te dan ganas hacelo. Solamente pido esa única cosa: que no sea un mail corto; el debate de estos asuntos nunca se dirime en pocas palabras. La respuesta, prometo, será de igual tenor, y siempre con respeto, con tiempo y con reflexiones, en lo posible)
Para cerrar: Bilardo hoy pasa sus días en un delicado estado de salud. Algunos medios y periodistas han optado por faltarle el respeto. Jamás haré eso en este espacio. El Doctor merece mi respeto eterno, aún siendo un viejito-loco-y-divertido durante los últimos 10 o 15 años, que decía cosas inentendibles en un programa de radio hecho por teléfono. Espero que no sufra y que sus (últimos) días tengan la mayor paz posible. Menotti tiene 80 años y trabajará desde el 1º de febrero como Director de Selecciones Nacionales: un cargo inentendible, disparador de esta extensa diatriba, que no será fácil de comprender ni de ejecutar (esa parte por suerte le toca a él, será su responsabilidad, así como la de "Chiqui" Tapia). Cargo que supongo "de adorno" pero que puede deparar sorpresas. Esperemos que sean, por una vez, sorpresas felices en el mágico mundo de la Asociación del Fútbol Argentino.