¿El 0-5 con Colombia nos arruinó para siempre?


Recordar este partido me lleva a una anécdota personal, que luego serán montones de anécdotas y de momentos. En septiembre de 1993 yo tenía 10 años, para 11. El fútbol era todavía un juego, algo para mirar cada tanto. Ya tenía varios recuerdos, un mundial doloroso (¿si lo viviera hoy podría ser aún peor? ¿Italia ´90 fue doloroso para todos?), y había visto a la Selección Argentina ganar dos veces la Copa América. El tema es que hoy, 25 años después, a esa cuenta solamente se le puede agregar algunos mundiales dolorosos (y otros no tanto, claro).

Argentina nunca volvió a ganar la Copa América, apenas (¿apenas?) llegó a una final más en Brasil 2014, y los mundiales (y copas) son un eterno "esta vez somos campeones, somos los mejores" que al poco tiempo se convierte en "otra vez no ganamos nada, somos un desastre". Es una especie de bipolaridad futbolística (¿y social?) que ataca al pueblo-futbolero cada vez que juega la Selección en algún campeonato importante (también están los que dicen que no les importa, y ahí los tenemos en las semifinales, gritando y sufriendo con nosotros).

Alguna vez tendremos que entender los argentinos que Maradona hubo uno solo. Y que Messi "hubo" uno solo. Ya falta poco: cuando termine la carrera de La Pulga y veamos que (otra vez) tenemos que conformarnos con "lo que hay": no quiero dar nombres, porque los vamos a querer igual (nosotros, a los que nos interesa siempre la Selección) pero seguramente estaremos a cada minuto añorando a Messi. Cuando Messi ya no esté, se terminará la comparación boluda con Maradona (¿se terminará?) y empezará (otra vez) la añoranza.

Pero bueno, estoy acá para hablar del 0-5 con ColombiaEL CINCO A CERO, como le dicen ellos. Hay un libro al respecto, muy bueno, tuve la posibilidad de leerlo, prestado por un amigo (y la mala idea de devolverlo, je). En "El 5-0, o la increíble crónica del partido que cambió para siempre la historia del fútbol colombiano" (flor de título) de Mauricio Silva se narra toda la historia de esa particular Selección Colombia: la de Valderrama, Rincón y Asprilla. La de "Barrabás" Gómez, "El Tren" Valencia, Leonel Álvarez, y Óscar Córdoba. Lo que pasó antes, durante y después del 5-0, y también el Mundial ´94 y la debacle, que terminó con el asesinato de Andrés Escobar, un final muy oscuro para una generación brillante. 

A decir verdad, como tantas veces, muchos conocimos a ese equipo esa noche de septiembre. Sabíamos de un par de jugadores, la cabellera de Valderrama era un faro ya entonces. Pero, siempre pedantes como argentinos, era lógico que no conociéramos mucho de qué venía la mano. Era otra época, tampoco había doscientos videos de YouTube para ver a los fenómenos colombianos. Colombia venía puntera en el grupo de eliminatorias (los ásperos grupos reducidos, formato que moriría esa misma noche también) y Argentina necesitaba ganar para no ir al repechaje con Australia. En la primera ronda, en Barranquilla, los colombianos ya habían avisado: victoria 2-1 con goles del gordo Valenciano y "El Tren" Valencia.

Voy metiendo la anécdota personal: nos juntamos con un amigo (está leyendo estas líneas) a ver el partido. La historia es más compleja de reconstruir: de alguna manera terminamos en lo de un amigo de mi amigo, viendo el que en ese momento era EL GRAN PARTIDO. Era clave, fundamental: se respiraba el "ganar o ganar" para evitar el repechaje que después ocurrió, y de qué manera... La cosa es que no recuerdo mucho la casa, ni al amigo de mi amigo, pero se veía el partido. Era importante y se miraba donde fuera. 

En los días previos, Maradona (sin saber que terminaría jugando, pronto) soltó una de sus frases célebres: "No se puede cambiar la historia, no se debe cambiar la historia: Argentina arriba, Colombia abajo". Fue en un programa de TV, y fue también el combustible ideal para los colombianos. 

En lo del amigo de mi amigo, empezamos a mirar el partido. Pero éramos pibes y como la mano venía aburrida, en un trámite bastante tenso, alternábamos la cosa peloteando un poco en el patio de la casa, lejos del televisor. Argentina había salido "con el cuchillo entre los dientes" a pechar la situación y ensuciar el partido. Colombia tenía a "Barrabás" que siempre hacía honor a su apodo.

En un momento, fue durante el primer tiempo —y lo vimos en la tele, ahí sí, me acuerdo— pasó algo muy raro, que no volvió a ocurrir en los años posteriores, a pesar de la cercanía del Monumental con el Aeroparque de Buenos Aires: un avión pasó muy cerca del estadio, tan cerca de las tribunas que generó un alboroto importante, hasta Óscar Córdoba recuerda haberse "salido del partido" en ese único instante. El piloto del avión, tiempo después, confesaría que pasó por sobre las tribunas para que los pasajeros disfruten de la vista, en tan particular momento: un verdadero inconsciente. De más está decir que, si bien la ruta aérea pasa cerca, los aviones tienen (y tenían) prohibido sobrevolar el estadio.

De repente, al final del primer tiempo, llega el gol que complicaba las cosas (pero no anticipaba todavía el desastre): Freddy Rincón pone el 0-1 para Colombia. Con este resultado Argentina iba directo al repechaje. Con los pibes, en el patio de esa casa que no recuerdo, lejos de la TV, nos pusimos a pelotear durante todo el entretiempo, ya con desinterés. Estaba todo tan-lejos-de-ocurrir, que jugar entre nosotros era mucho más divertido.

Y esta en verdad es la historia, lo confieso ahora, de cómo no viví el 0-5 con Colombia con sufrimiento: sí con mucho desinterés, viendo el partido de costado. Y era un profuuundo desinterés (y sorpresa claro) gestado por un equipo argentino que era aplastado por el rival. Entonces tampoco tenía el gusto actual por el fútbol, incluso de quedarme viendo (y aplaudir) al otro equipo. Como ocurrió en tantas casas, y en las mismas tribunas del Monumental. 

La Selección Colombia armó un concierto en el segundo tiempo y con un show de pases (de Valderrama) y velocidad + gambetas (de Valencia, Asprilla y Rincón), armó la victoria que hundió por décadas a la Selección Argentina. Allí empezó, arriesgo, la psicosis que rodea al equipo argentino. Nunca esperamos perder 5-0 contra nadie.

La única derrota quizás aceptable para el alma futbolera argentina de esa magnitud sería posible (aceptable) contra equipos que sabemos superiores: Alemania y Brasil. ¿Pero cómo acepta el futbolero una derrota contra los colombianos? ¿Y un 5-0, en la propia casa, con el estadio lleno y al equipo bicampeón invicto de América? Eso era el seleccionado de Alfio Basile en ese momento. Pero Colombia esa noche fue superior, fue muy superior.

Nadie pensó lo que pasaría luego: la tapa de El Gráfico con fondo negro y la palabra VERGÜENZA (con lo que representaba la revista en ese momento); el llamado a Maradona "de urgencia" y su puesta a punto televisada en los noticieros, con un seguimiento excesivo (muy propio de esta época, impensado entonces); el repechaje con Australia, tan ajustado y sufrido como nadie podría haber imaginado, con altas dosis de miedo y jugadores que rindieron muy por debajo de lo que habían rendido en esos años, clasificando al Mundial por un gol de centro, que como entró podría haber caído en el techo del arco; la "fiesta" de Estados Unidos ´94 con Maradona en su máxima expresión y también dopado, y con su frase icónica, la que marcara su vida y su carrera: "me cortaron las piernas" (tal vez nunca explicada —cuando era tan fácil ir hasta los partidos de repechaje con Australia, que se jugaron sin controles anti-doping); y la sucesión de todo lo que vendría después, en lo inmediato y no tanto, con la cantidad de veces que Argentina "no pudo" en la Copa América (perdiendo finales con Brasil, entonces, luego con Chile, y algunos papelones entre medio de la historia); y los mundiales en los que siempre pensamos que "vamos a ser campeones porque somos los mejores del mundo" (¿cuándo somos los mejores del mundo? ¿cuando ganamos o cuando perdemos?). Tampoco pensé nunca en todo esto, mientras peloteaba en el patio de esa casa, con mi amigo y su amigo que nos recibió esa vez.

Muchas veces se menciona que la selección mayor de Argentina no gana un título desde la Copa América de 1993. Pasó solamente unos meses antes del escandaloso 0-5 con Colombia. Con dos goles de Batistuta contra México en la final. Con ese lateral apurado en forma fantástica por el "Cholo" Simeone. Seguramente se acuerdan bien. No voy a compilar todas las defecciones en finales (las recientes todavía pueden doler). Pero sí quiero marcar el día en el que se arruinó todo: para empezar a ver las reacciones, las medidas tomadas, las desesperaciones, todo lo que se hizo tras el 0-5 con Colombia como una psicosis. Como un mal calambre, una reacción malísima a un recorrido que venía perfectamente bien. ¿Por qué Basile tuvo que cambiar tantas cosas? Argentina el 5 de septiembre de 1993 por la mañana, era el mejor equipo del continente hacía un par de años (la racha de 33 partidos invicto, incluyendo dos títulos de Copa América, la había perdido el equipo con Colombia 20 días antes). A la noche era la peor banda de delincuentes en vestir la camiseta, un grupo de infames que no merecía nada y se gestaba la tapa negra de la revista deportiva más leída, la que marcaba el pulso ¿Un poco exagerado todo, no?

Y de ahí, hasta acá, seguimos en la psicosis. A 25 años del 5 de septiembre de 1993.

Ah, con los pibes nos quedamos jugando a la pelota todo el segundo tiempo, sobre todo después del gol de Asprilla en el comienzo. Era el primero de los cuatro que, en esa segunda mitad, pondría el resultado nefasto: 0-5. De fondo en la tele se escuchaba bajar de las tribunas el canto (que tantas veces fuera nefasto, cuando el equipo no andaba): "Maradooooooooooooooo Maradoooooooooooo". Ahí ya sabías que la Selección estaba perdiendo. Y feo.

Seguimos peloteando, sabiendo que no volveríamos al televisor. Desde adentro nos decían "uy, ahí otro gol", "ahh... llegó el cuarto", "bueno, 5-0 los colombianos". En ese momento, creo, nos acercamos a ver. Era bastante raro todo. Sabíamos (estábamos forjados así) que Argentina no podía perder nunca ese partido 5-0. Y ahí estaba: el resultado clavado, el relator sin muchas palabras (tan bocón él) y el "oooooooooooole ooooooooooole" que bajaba de las tribunas como otro canto lapidario, eran los hinchas argentinos cargando a su propio equipo. Y Valderrama, que llegó chiflado en cada pelota que tocaba, se fue aplaudido en cada pelota que tocaba. 

El problema grande vino muchos años después: seguimos añorando a un Maradona que no existe más (añoramos en esa noche de 0-5 a Valderrama, era el Maradona que ellos tenían y nosotros no). Messi no es Maradona. Es Messi, y no lo dejamos ser en paz. Y el que venga después, pobrecito: no será ni Maradona ni Messi.

Es el mal daño hecho por el mito de México ´86: Maradona no ganó nada solo, era un equipazo que jugaba un fútbol moderno, dinámico, con enormes jugadores como Burruchaga y Valdano haciendo cosas increíbles, y grandes actores que, gestados por Bilardo (que nunca fue "bilardista" en ese mes mexicano, ni por asomo) en figuras como Olarticoechea y Enrique, en mitos como el "Tata" Brown. Messi tampoco ganó nada solo, ha quedado demostrado en experiencias notables (Sabella y Martino) y en esperpentos lamentables (Maradona y Sampaoli fueron DTs de la Selección, todavía no lo puedo creer). Mientras tanto, quedamos muertos ahí, en un grito triste y decadente, una nota que decae sufriente, como aquel grito de "Maradooooooooo". Para lograr absolutamente nada. Simplemente una psicosis colectiva, que sigue en pie.

Creo que voy a hablar de todo esto con mi psicoanalista. Va a ser lo mejor...

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Les dejo una nota publicada por Mauricio Silva, el autor del libro mencionado, esta semana en EL TIEMPO de Bogotá, con motivo del aniversario del match.

También un video que recapitula los goles, con el relato radial de William Vinasco, mítico relator colombiano.